Ermita del Santísimo Cristo del Cosuelo
De Torralba de Calatrava
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Historia de la ermita
La ermita del Cristo, como generalmente se la conoce, está situada al sur del municipio. Tuvo su origen alrededor de los siglos XII y XIII, momento en el que se produce la repoblación de todo el territorio comprendido entre el río Guadiana y Sierra Morena. Es, por tanto, a lo largo de este momento indeterminado, cuando surgiría el primitivo edificio que sería la base y punto de partida del que conocemos en la actualidad.De este primer edificio no tenemos noticias gráficas, ni escritas. Ni de su fecha de construcción, ni de su aspecto físico, ni de detalle alguno que nos pueda ilustrar. Esta iglesia fue puesta bajo la advocación de Santa María la Blanca. En este punto debemos recordar que este municipio perteneció desde el momento de la fundación a la Orden Militar de Calatrava, y que la Virgen de la Blanca era la imagen bajo cuya advocación se encontraba la citada Orden Militar.
El edificio primitivo debió ser, tanto por sus dimensiones como en su construcción, muy limitado. No debemos olvidar que Torralba sería, en esos momentos, un pequeño enclave que contaría con muy pocos habitantes, dedicados en su mayoría a la labranza del campo y al cuidado del ganado, por lo que las rentas de sus vecinos serían muy escasas, no permitiéndoles realizar grandes obras arquitectónicas.
El lugar escogido para su construcción fue prácticamente el mismo que hoy ocupa la actual ermita. Fue construida en un navajo próximo al arroyo Pellejero, que debido a las entonces asiduas crecidas de sus aguas, dificultaba en gran medida el acceso al templo, llegando incluso a ser peligroso en inviernos de abundantes lluvias.
La iglesia de Santa María la Blanca, al ser el único edificio religioso del pueblo, fue durante estos momentos iniciales la parroquia, y al igual que la entonces aldea de Torralba, dependía de la villa de Almagro. Esta dependencia, tanto religiosa como civil se mantuvo hasta el siglo XIV. En concreto, la parroquia pertenecía a la feligresía de San Bartolomé de Almagro.
Por las mismas razones antes aludidas, desconocemos por completo, también, los detalles referentes a las imágenes que componían su ornamentación interior. Como podemos comprender la imagen principal sería la de Santa María la Blanca, pero nos resulta imposible saber si habría alguna más, su número, y su identificación. Sabemos que a mediados del siglo XV, ve enriquecida su ornamentación con la presencia de las imágenes de San Juan Bautista, el Cristo de la Consolación, y la Virgen de los Dolores, que los vecinos de Torralba rescataron de la destrucción de la cercana aldea de Barajas.
Sabemos que con motivo de la Visita General efectuada por la Orden de Calatrava en Enero de 1539, y debido al mal estado en que se encontraba en general su construcción, se ordenó la edificación de una nueva parroquia, que cumplimentara mejor las necesidades de los vecinos. Aunque la construcción de este nuevo edificio parroquial se postergó durante algunos años, por ciertos problemas que surgieron en torno a la ubicación del nuevo templo, el traslado de la parroquia se llevó a cabo. Esta, fue trasladada a la ermita de la Purísima Concepción, que se había construido, en época reciente, junto al antiguo castillo.
Lógicamente este traslado eclipsó la antigua parroquia, aunque en ella permaneció, entre otras, la imagen del Santísimo Cristo de la Consolación, a la que ya se comenzaba a mostrar una gran devoción por parte de los habitantes de Torralba. El traslado no supuso el total cierre de la ermita, sino que ésta se mantuvo asistida, y en ella se siguió celebrando culto religioso. Pero con el paso del tiempo su ya deteriorada fábrica fue empeorando, entrando paulatinamente en un avanzado estado de ruina.
Esta situación llevó a los habitantes de Torralba a plantearse el derribo y posterior construcción de un nuevo edificio, que diese un mejor cobijo a la gran cantidad de devotos que se movilizaban en torno a la imagen del Cristo de la Consolación. El proyecto se realizó en el año 1701. Tras su aprobación, el viejo edificio fue derruido y tras levantar el suelo para evitar las anteriores inundaciones, ya que este había sido uno de los principales problemas a los que debió hacer frente el anterior edificio, se construyó de nueva planta la ermita actual.
Aunque conocemos este dato del total derribo de la ermita, desconocemos si fue mantenida la estructura de su planta, o por el contrario, la planta también fue de nueva realización.
A los crecidos gastos que originó tan importante obra, se hizo frente, por un lado, con los fondos que poseía la ermita, y por las donaciones efectuadas por los feligreses para cubrir tal fin. A pesar de contar con estas dos fuentes de ingresos, éste, fue un problema de difícil solución a la hora de la construcción.
Nos consta que tras tres largos años de obras, faltaba aún por terminar: la bóveda, el coro, y el revestimiento interior. Para su realización los fondos económicos eran ya prácticamente inexistentes. Ante esta necesidad tuvo que ser el Concejo de la Villa el que pusiera remedio a este problema económico, y con la venta de dos escrituras de censo, y el resto de los fondos comunales se pudo reunir el dinero suficiente para ver las obras concluidas. Así pues, en 1704, la nueva ermita fue una realidad, siendo éste, con posteriores modificaciones de mayor o menor envergadura, el edificio que hoy podemos contemplar.
Ciento sesenta y dos años debieron transcurrir para que en la ermita se volvieran a realizar obras de cierta importancia, lo que nos ofrece una clara idea de la solidez con la que se construyó el nuevo edificio.
En 1866 se procedió al derribo de la cúpula que se levantaba sobre el crucero. Esta inicialmente estaba construida en ladrillo y por su peso, y tras algunos hundimientos de parte del tejado, se creyó conveniente hundirla por completo y hacer otra nueva para evitar estos derrumbamientos. La nueva cúpula se hizo encamonada, que por su estructura ejercía un menor peso sobre los muros de sustentación.
Durante la segunda mitad del siglo XIX se llevaron a cabo otras obras en la ermita, aunque estas no tuvieron la importancia de la anterior, más bien se puede hablar de pequeñas reformas.
En Septiembre de 1894, se levantó una habitación a los pies de la ermita, los gastos de esta obra fueron costeados por Don Ramón Díaz-Crespo Ruiz, que en estos momentos ejercía el cargo de presidente de la Congregación del Santísimo Cristo del Consuelo. Esta obra se realizó por encargo de su esposa Doña Alejandra Gómez Moreno, que murió este mismo año.
Según consta en el Libro de Actas de la Cofradía del Santísimo Cristo del Consuelo, en 1896 se reparó el pórtico, la cuantía de esta obra ascendió a la cantidad de 370 reales con 80 céntimos.
En 1897 se gastó la suma de 2.004 reales con 68 céntimos, en arreglar los desperfectos habidos en los tejados y en la capilla de Jesús de Nazareno, aunque en este caso desconocemos los detalles de esta reforma.
En 1898 se pavimentó en mármol la sacristía y la ermita. Esta obra fue posible gracias al legado de 20.000 reales, que con este objeto dejó en su testamento Don Ramón Díaz-Crespo Ruiz. A esta cantidad se añadieron los 5.000 reales que con idéntico fin había legado Don Jorge de Lerma. La obra tuvo un coste total de 30.000 reales, siendo pagada con estos dos legados y el resto por los herederos del primero. Este año de 1898, debido al estado de las obras no se pudo celebrar la misa del 14 de Septiembre en la ermita, como era y ha venido siendo costumbre desde antiguo, con tal motivo la misa fue celebrada en la iglesia parroquial de la Santísima Trinidad.
Durante la primera mitad del siglo XX también se efectuaron algunas pequeñas restauraciones, de entre ellas cabe destacar la que se llevó a cabo en el tejado en el año 1919.
Otra reparación de cierta importancia fue la que se llevó a cabo durante el año de 1948, en la que se repararon los desperfectos que sufrió la ermita durante los años de la guerra civil de 1936 a 1939.
Por último, debemos señalar que recientemente se han llevado a cabo importantes obras que han venido a ofrecer una mejor imagen de la ermita y que han venido a reforzar su estructura. Entre estas reparaciones podemos destacar las realizadas en el tejado, la restauración de la espadaña, la rehabilitación del pórtico y la fachada sur, la construcción de la vivienda y el salón anejo, el cerramiento con la verja que han venido a ofrecer una visión de la ermita nueva. Y por último, la rehabilitación de la capilla de Jesús Nazareno.
Descripción de la Ermita
La planta es cruciforme. Con tres lados cortos y uno de mayores dimensiones. Los lados cortos son: la cabecera y los brazos del crucero; el largo está formado por una sola nave. Este tipo de planta es muy común en las construcciones religiosas de los siglos XVII y XVIII en toda España.
Vista la estructura básica de la ermita, pasaremos a pormenorizar los elementos que componen sus partes más características.
A los pies está situado el coro, en alto, sustentado por un arco de medio punto rebajado, el cual forma una pequeña bóveda que sirve de soporte. Esta, aparece reforzada por columnas metálicas que apoyan en la clave de esta pequeña bóveda, facilitando así el soporte del peso que ejerce esta estructura. Una balaustrada de sencilla ejecución sirve de elemento de separación entre la nave y el coro. Este, y el espacio que queda bajo él están iluminados por sendas ventanas, siendo estas los únicos puntos que permiten la entrada de luz directa a la ermita.
La nave aunque de gran altura es de dimensiones pequeñas. La cubierta tiene como base el arco carpanel, estando compuesta por siete tramos, divididos entre sí por molduras planas que simulan arcos en sustentación. Cada tramo presenta a los lados unos lunetos que le dan cierta movilidad a la bóveda. Estos a su vez están enmarcados por unos rectángulos formados por una amplia moldura lisa.
El espacio central de cada tramo también presenta decoración, siendo en este caso un rectángulo formado por una moldura estrecha y saliente, y no plana como las anteriores. En los tramos impares, dentro de estos rectángulos aparecen unas tarjas al estado de las obras no se pudo de forma romboidal y dentro de cada una, una de las cuatro cruces de las Ordenes Militares, (Calatrava, Montesa, Alcántara y Santiago). Los rectángulos de los tramos pares no presentan decoración alguna en su interior.
El paso de la bóveda a las paredes se hace a través de una amplia cornisa, compuesta por una hilada de molduras, enumerando éstas de arriba abajo serían: filete, gola, filete, corona, filete, billa, cuarto de bocel, rematando finalmente de nuevo un pequeño filete.
Esta cornisa corre a lo largo de las paredes de la nave. Mientras que las cuatro superiores se muestran totalmente rectas, las tres inferiores hacen unos salientes, formando lo que sería el ábaco de los capiteles de las pilastras que recorren verticalmente las paredes. Estas son el único elemento de decoración arquitectónico que muestran las paredes.
En cuatro casos estas pilastras no llegan hasta el suelo como el resto, esto se debe a los vanos que se producen en las paredes, correspondiendo dos a las puertas de acceso a la ermita y dos a capillas. En estos casos las pilastras quedan interrumpidas a gran altura.
Las puertas de acceso están en los lados sur y norte, enfrentadas entre sí, y próximas a los pies. La del lado sur es de pequeñas dimensiones y comunica con un patio anexo a la ermita que es donde se ha levantado la vivienda y el salón que antes comentábamos. La del lado opuesto, es de grandes dimensiones. Es ésta la única entrada directa que se abre al Paseo.
Las capillas, al igual que las puertas, también están una frente a otra, próximas, en este caso, al crucero. Ambas son de reducidas dimensiones. La del lado norte guarda la imagen de Jesús de Nazareno, y en la del lado sur hay un retablo dorado con una gran hornacina central, ocupada por la imagen de San Antonio de Padua.
El crucero está cubierto por una cúpula encamonada, que como ya indicamos fue construida en 1866. La transición de la planta cuadrada del crucero a la circular de la cúpula se hace a través de pechinas. Estas están decoradas con cartelas, en las cuales aparecen pintadas las imágenes de los cuatro evangelistas. Una vez creada la forma circular, hay un tambor de pequeñas dimensiones, que sirve de base a la cúpula. La decoración de esta, está formada por franjas lisas que partiendo de la base, convergen en el círculo que fija la clave. En los ocho espacios que forman estas franjas aparece una decoración geométrica que se repite, mientras que en el círculo formado por la clave aparece una decoración con motivos vegetales muy abstractos.
Los brazos del crucero tienen cada uno de ellos en sus tres lados, pequeños retablos, en los que hay diversas imágenes esculpidas. A los pies de estas hay unos salientes en forma de altar. En el lado sur, donde hoy está el retablo de Santa Rita estuvo situada la imagen de Santa María la Blanca, la que fuera patrona de Torralba de Calatrava, hasta que fue destruida, como el resto de imágenes que se conservaban en la ermita, a finales de agosto del año 1936.
La cabecera está presidida por un retablo que cubre toda la pared, fue construido en 1948 por el escultor Don Santiago Haro Molina, de Socuéllamos. Formalmente está dividido en dos cuerpos, el inferior, que es de dimensiones mucho mayores se divide en tres calles, la central está compuesta por una hornacina que cubre todo el espacio, su interior está decorado con una escena de paisaje, acogiendo en su seno la imagen del Santísimo Cristo del Consuelo.
Las calles laterales, de dimensiones más reducidas, tienen en sus extremos grandes columnas de fuste liso y capitel jónico. En el centro muestran una decoración de grutescos. La separación entre los dos cuerpos la compone una gran cornisa quebrada, que sale en las calles laterales y forma un gran entrante en la calle central.
El cuerpo superior está presidido en su parte central por un alto relieve, que representa una escena de la Resurrección, compuesta por cinco figuras: Cristo Resucitado, que aparece de pie entre ampulosos pliegues, a sus pies las figuras de tres soldados en el suelo, y a la izquierda un ángel.
A ambos lados del relieve hay una pilastra adosada que sustenta un frontón semicircular, partido, que corona el retablo. Al pie del retablo hay un ángel en cada una de las bases de las calles laterales, sujetando sendos candelabros.
En el exterior, en la parte oeste se levanta una esbelta espadaña, con tres vanos, ocupados por otras tantas campanas. El material utilizado para la construcción de la ermita es en su totalidad el ladrillo, material más barato y más sencillo de utilizar que la piedra, aunque ésta también aparece en forma de sillares bien cortados en las esquinas, formando cadenas.

