María de la Concepción García de León Álvarez. Buenas
noches a todos y muchas gracias por haber venido. En primer lugar
quiero agradecer a la Junta de Cofradías de Semana Santa y a su
presidenta, Teresa Abenojar, la oportunidad que me han brindado de ser
pregonera de la Semana Santa de Torralba de Calatrava, mi querido
pueblo, este año de 2008. Como torralbeña, es un honor que agradezco de
corazón, y con la esperanza de no defraudar la confianza que todos
habéis puesto en mi voy a comenzar el pregón.
Existe en Torralba un dicho popular que escuchamos siempre los
días de Semana Santa, es el célebre “agua y al Calvario”. ¿Pero desde
cuándo se dice en Torralba este dicho? y ¿De dónde procede la tradición
de ir al Calvario? Las respuestas a estos interrogantes nos llevarán a
conocer el origen de nuestra Semana Santa. Sobre este tema, el origen y
la historia de nuestra Semana Santa he preparado mi pregón,
investigando en la documentación histórica que se ha conservado de
Torralba y de otros pueblos del Campo de Calatrava, los datos
necesarios para establecer el comienzo de estas celebraciones y su
posterior desarrollo.
En los últimos siglos de la Edad Media no había cofradías de
Semana Santa en Torralba ni en ninguna de las poblaciones del Campo de
Calatrava. Esto no quiere decir que no se celebrase la Semana Santa en
las iglesias, siendo pronto muy popular el rezo del Vía Crucis, en el
cual participaba todo el pueblo, bien dentro de las iglesias, o fuera,
dando la vuelta alrededor de ellas, formando una especie de procesión.
En algunos lugares, los fieles representaban durante el rezo del Vía
Crucis algunas escenas de la Pasión.
El culto a la Cruz se había extendido por todos los países de
la cristiandad a lo largo de la Edad Media. La imagen de Cristo
Crucificado podía ser contemplada por los fieles hasta en las más
humildes iglesias. La célebre escena de la Virgen y San Juan al píe de
la Cruz, descrita en el Evangelio, fue también muy popular en el siglo
XV, siendo reproducida en los conocidos “calvarios”.
Como sabéis, los habitantes de Torralba pudieron contemplar
desde mediados del siglo XV “un Calvario” en la iglesia parroquial de
Santa María la Blanca. Este “Calvario”, procedía del despoblado pueblo
de Barajas, cuyo Cristo, fue conocido por nuestros antepasados con el
nombre de Cristo de Consolación.
En Castilla – León, Castilla la Mancha, Andalucía y Murcia, las
cofradías y procesiones de Semana Santa aparecen en la segunda mitad
del siglo XV, pero en la comarca del Campo de Calatrava, a la que
pertenece Torralba, no habrá cofradías ni procesiones de Semana Santa
hasta bien entrado el siglo XVI. Sin embargo, ya se fundasen unos años
antes o unos años después, las primeras cofradías de Semana Santa que
fueron surgiendo en las distintas zonas de España tenían
características comunes muy destacadas.
La primera característica común es que todas se fundaron para
dar culto a la Cruz de Cristo, por esta razón, adoptaron también el
mismo nombre, de la Vera Cruz o de la Santa Vera Cruz, como la de
Torralba, fundada en 1562, con el nombre de cofradía de la Santa Vera
Cruz.
La segunda característica de las cofradías de la Vera Cruz o
primeras cofradías de Semana Santa en España es, que todas eran
cofradías de disciplinantes, es decir, sus cofrades se azotaban
públicamente en las procesiones.
Sólo algunas de estas cofradías de Semana Santa no adoptaron el
nombre de la Vera Cruz, sino que escogieron el nombre de la Sangre de
Cristo, como la que existía a mediados del siglo XVI en Almodóvar del
Campo, pero la mayoría, como acabamos de decir, tomaron el nombre de la
Vera Cruz, de tal modo, que en la actualidad, las cofradías de Semana
Santa más antiguas son las que han conservado el nombre de la Vera
Cruz.
Desde los orígenes del cristianismo, la Cruz de Cristo, había
sido considerada el árbol de la vida, el árbol del mundo. A comienzos
del siglo III, San Hipólito de Roma escribió estas hermosas palabras
sobre la Cruz:
“Este árbol ancho como el firmamento, se levanta desde la
tierra al cielo. Planta inmortal, se eleva robusta entre el cielo y la
tierra, recio soporte del orbe, lazo de todas las cosas, que abarca a
toda la varia naturaleza mortal. Árbol atravesado con clavos invisibles
del espíritu, para que cual conviene a lo que es divino, no se deshaga
más; llega a lo alto del cielo, pero con sus pies afianza la tierra y
retiene maravillosamente entre sus brazos el aliento del aire que reina
por doquier”.
La Cruz de Cristo, la verdadera Cruz de Cristo o Vera Cruz,
aparece en la primera mitad del siglo IV por mediación de Santa Elena,
madre del emperador romano Constantino. A partir de entonces, papas,
emperadores, reyes, nobles, cabildos catedralicios, ordenes religiosas,
ordenes militares y un sin fin de personajes e instituciones, hicieron
lo posible por conseguir una reliquia de la Vera Cruz. Los que
obtuvieron tan preciada reliquia construyeron templos, monasterios y
preciosos relicarios para conservarla y darle culto, como sucedió en
Segovia, donde hoy podemos contemplar la iglesia de la Vera Cruz,
construida por la Orden del Temple, para albergar la reliquia de la
Vera Cruz que habían conseguido los caballeros templarios en Tierra
Santa.
Desde la época de las Cruzadas, en Jerusalén, se recorría el
camino de la Cruz, es decir, el Vía Crucis o Vía Dolorosa, orando y
meditando sobre la Pasión de Cristo, de ahí nacería el rezo del Vía
Crucis.
Gran impulsor de la devoción a la Pasión de Cristo fue San
Francisco de Asís, que después de peregrinar a los Santos Lugares
impondría en los monasterios de su Orden el rezo del Vía Crucis, como
práctica de oración diaria, influyendo decisivamente la Orden
Franciscana en la difusión del rezo del Vía Crucis, y también, en la
fundación de las primeras cofradías penitenciales o de disciplinantes
de la Vera Cruz.
Otra Orden religiosa, la de Santo Domingo, y la predicación de
San Vicente Ferrer, contribuirían también a la aparición de las
cofradías de disciplinantes, en las que los cofrades se azotaban
públicamente buscando el perdón de sus pecados y la protección divina.
Pero las cofradías de disciplinantes no nacieron en España, ya
que desde mediados del siglo XIII existieron en Italia cofradías de
flagelantes, o lo que es igual, de disciplinantes. Desde Italia, las
cofradías de flagelantes pasaron a Francia, Alemania y los Países
Bajos. En España, las cofradías de disciplinantes no aparecerán hasta
la segunda mitad del siglo XV, pero la flagelación no se convertiría en
práctica habitual de las cofradías hasta el siglo XVI.
Las ordenanzas de la cofradía de la Santa Vera Cruz de
Torralba, fechadas el 12 de Septiembre de 1562 y que habían sido
confirmadas por el Real Consejo de las Ordenes, no se han conservado,
no obstante, gracias a las ordenanzas de algunas cofradías de otras
villas del Campo de Calatrava, que si se han conservado, y otros
documentos, podemos saber como estaba organizada y como funcionaba la
cofradía torralbeña.
La cofradía de la Santa Vera Cruz, primera cofradía de Semana Santa de
Torralba, tenía su sede en la ermita de Santa María la Blanca, ermita
conocida actualmente con el nombre de ermita del Cristo. Allí, en el
cuerpo del templo, a la mano izquierda, tenía la cofradía de la Vera
Cruz su capilla, en la que estaban las imágenes de las procesiones de
Semana Santa y las insignias de la cofradía.
Los cabildos o reuniones de la cofradía también se celebraban
en Santa María la Blanca. El órgano de gobierno de la cofradía de la
Santa Vera Cruz era el cabildo, como en las demás cofradías. El cabildo
estaba formado por un número de oficiales, que desconocemos, y un
mayordomo. El mayordomo se encargaba de administrar el dinero y los
bienes de la cofradía.
La reunión o cabildo más importante de la cofradía era el que
se celebraba el Domingo de Ramos. En dicho cabildo, la cofradía tomaba
todos los acuerdos para la celebración de la Semana Santa y tenía lugar
el rito del “perdón”, rito que todas las cofradías de la Vera Cruz
celebraban el Domingo de Ramos, y también el Jueves Santo, antes de
salir en procesión de disciplina.
En el rito del “perdón” todos los cofrades debían pedir perdón
por los pecados o faltas cometidas, si alguno no quería perdonar a su
hermano, era multado por el cabildo con multas en cera, una arroba de
cera, media arroba de cera, o con multas monetarias. Generalmente,
todas las multas que imponían estas cofradías eran en distintas
cantidades de cera, porque el gasto en cera era enorme.
La noche de Jueves Santo, a honra y reverencia de la Santa Vera
Cruz, ya que en ella había recibido Nuestro Señor Jesucristo muerte y
pasión por todos los pecadores, los cofrades de la Santa Vera Cruz de
Torralba salían en procesión de disciplina. El horario de salida era
distinto de un pueblo a otro, pero oscilaba entre las diez y las doce
de la noche. Antes de salir en procesión, los cofrades tenían que haber
confesado, comulgado y también haber asistido a los oficios de Jueves
Santo, además de pedir perdón de nuevo a sus hermanos, y si alguno se
negaba a conceder el perdón no era admitido en la procesión.
Una hora antes de comenzar la procesión, tenía lugar la llamada
“platica” a los cofrades, en la que se meditaba sobre el significado de
la disciplina que iban a hacer en la procesión, dando ánimo a los
disciplinantes. La “platica” solía darla un sacerdote, que podía ser el
propio rector de la parroquial, o un fraile de alguna Orden religiosa,
pagando la cofradía a la persona que la daba la cantidad que,
previamente, había sido acordada por el cabildo.
Desde Santa María la Blanca, la procesión seguía el itinerario
señalado por el cabildo con estaciones, es decir, estaciones del Vía
Crucis, hasta llegar al Calvario, como había hecho Jesucristo, y desde
allí, desde el Calvario, regresaban al punto de partida, la ermita de
Santa María la Blanca.
El Calvario con las tres cruces lo había construido la cofradía
de la Santa Vera Cruz, es decir, era propiedad de la cofradía. Lo había
edificado para que los cofrades fuesen allí en procesión el Jueves
Santo, recorriendo el camino de la Cruz o Vía Crucis y conmemorando la
Pasión de Cristo. En la visita general de 1577, los visitadores
generales de la Orden de Calatrava fueron a ver el Calvario de
Torralba, y después dijeron lo siguiente:
“Otrosi visitamos el Calvario que esta junto a esta villa en
el camyno que va a Daimiel, e cuyo reparo y sustentamyento es a cargo
del dicho cabildo e cofradía y de presente esta bien tratado y reparado
mando al dicho cabildo e cofradía siempre tenga cuidado del reparo e
sustenymiento del dicho calvario”.
Los cofrades torralbeños recorrían el camino hacia el Calvario
disciplinándose, es decir, azotándose la espalda con una disciplina de
ásperas cuerdas que llevaba rosetas con pinchos, con el fin de obtener
el perdón de sus pecados y la salvación eterna. Para asistir a la
procesión, los cofrades de la Santa Vera Cruz debían llevar puestas sus
túnicas, ceñidas con una cuerda y con las insignias de la cofradía. La
cara y la cabeza tenían que llevarla tapada con el capirote y el
capillo.
En las cofradías de la Santa Vera Cruz había dos tipos de
cofrades, los cofrades de disciplina o cofrades de sangre, y los
cofrades de luz o hachas. Los cofrades de sangre llevaban túnicas
blancas, y en las manos, la disciplina, llevando la espalda
descubierta, y la cara y la cabeza siempre cubierta con el capillo, so
pena de graves multas, y casi siempre iban descalzos.
Los cofrades de luz eran los que por razón de la edad, ser
mayores de sesenta años, estar enfermos, o alguna otra causa
justificada, no podían disciplinarse. Las túnicas de los cofrades de
luz eran negras, pero también llevaban la cabeza cubierta con el
capirote y el capillo. Su función era ir alumbrando con sus hachas a
los disciplinantes y a las imágenes que la cofradía sacaba en
procesión.
Desde la fundación de la cofradía hasta los primeros años del
siglo XVII, las imágenes que llevaban en procesión los cofrades de la
Santa Vera Cruz de Torralba eran un crucifijo y la imagen de Jesús
amarrado a la columna, es decir, Jesús Flagelado. En 1634, ya habían
adquirido la imagen de Jesús “arrodillado con la cruz a cuestas”,
y por la misma época se incorporaría a las procesiones torralbeñas la
imagen de la Virgen de La Soledad, que en el siglo XVII estaba colocada
en un altar en la capilla mayor de la ermita del Cristo.
En otras villas del Campo de Calatrava, como en Manzanares, la
Virgen de La Soledad acompañaba a las procesiones desde sus orígenes,
ya que en 1564 había una cofradía de Semana Santa en dicha villa, bajo
la advocación de La Misericordia y Soledad de Nuestra Señora.
En Torralba, en el siglo XVI, encabezaba la procesión el pendón
de la cofradía, que era de lienzo, probablemente pintado, aunque en los
inventarios de las visitas generales no lo indican. En 1634, el pendón
había sido sustituido por estandartes, cuya descripción es la que
sigue: “Un estandarte de tafetán negro con su vara y cruz de azofar”, y el otro, “un estandarte de damasco verde con dos cruces bordadas”.
Detrás del pendón o de los estandartes iba el crucifijo, y después los
cofrades, con los pasos de Jesús Flagelado, Jesús con la Cruz a cuestas
y la Virgen de la Soledad. En el siglo XVI la cofradía poseía dos
cetros “para regir la procesión”, y en 1634, tenía tres cetros, pruebe indudable de que el número de cofrades asistentes a la procesión había aumentado.
La procesión iba acompañada por toques de corneta, que debían
ser toques distintos, y con distinto significado, según el lugar en el
que se encontrase la procesión, como por ejemplo cuando llegaba al
Calvario. En el siglo XVI la cofradía sólo tenía una corneta, pero en
1634 tenía dos, una era de alambre y la otra de vidrio. El material del
que estaban hechas estas cornetas, tan diferente, indican que sus
sonidos debían acompañar de un modo especial las distintas estaciones
de la procesión.
Terminada la procesión, ya en Santa María la Blanca, los
cofrades de luz debían lavar, limpiar y curar bien las heridas a los
cofrades de sangre o disciplinantes. Las heridas se lavaban con vino
caliente, al que se añadían hierbas olorosas propias de la zona y de la
estación del año, como tomillo, romero o también, como en el Viso del
Marques, pétalos de rosa. Después les aplicaban en las heridas polvos,
que podían ser de distintas clases, en el Viso utilizaba polvo de
arrayán molido y pasado por un pliego de papel de estraza. Después,
muchas cofradías tenían la costumbre de dar vino y una pequeña colación
a los disciplinantes.
Las cofradías de la Vera Cruz controlaban la asistencia a la
procesión, bien pasando lista, o bien recogiendo la cédula o papel que
previamente se les había entregado a los cofrades en el cabildo.
Hombres y mujeres podían ser cofrades de la cofradía de la
Santa Vera Cruz, pero las mujeres no podían disciplinarse ni ocupar
ningún cargo ni oficio en la cofradía. Las cofradas, nombre que se le
daba a las mujeres en las ordenanzas de la Santa Vera Cruz de
Valdepeñas, podían ser casadas, viudas y beatas, para admitirlas, la
cofradía debía comprobar que eran mujeres “honestas”, de buena vida y
buenas costumbres, porque de lo contrario no serían admitidas. La
cofradía tampoco admitía a hombres de malas costumbres o con pecados
públicos, como el amancebamiento, y si se descubría que los aspirantes
a cofrade tenían alguna falta o defecto grave en su comportamiento no
eran admitidos.
La mujer del cofrade adquiría por su marido la condición de
cofrada, pero si el marido moría y la mujer se volvía a casar, perdía
la condición de cofrada. Todos los cofrades, ya fuesen hombres o
mujeres pagaban al ingresar en la cofradía una cuota de entrada. En
Valdepeñas, los cofrades de sangre pagaban en 1568 once reales por la
cuota de entrada, además, el cofrade tenía que hacerse por su cuenta la
túnica y la disciplina.
Los cofrades de hacha o luz pagaban en concepto de cuota de
entrada cuatro reales y una libra de cera. También tenían que hacerse
la túnica y el hacha, que debía ser de tres pabilos, es decir, de tres
mechas. Estos cofrades eran de menor categoría que los de sangre, ya
que no podían ocupar ningún cargo ni oficio en la cofradía, tan sólo
podían asistir a los cabildos que celebraba la cofradía el Domingo de
Ramos y el Jueves Santo, y a ninguno más.
Las cofradías de la Vera Cruz fueron muy populares en el Campo
de Calatrava y, en general, en todo el territorio de Castilla La
Mancha, perteneciendo a dichas cofradías la mayor parte de los vecinos
de los pueblo, porque además de las celebraciones de Semana Santa, las
cofradías de la Vera Cruz cumplían una función social muy importante,
que era la de prestar todos los servicios funerarios a los cofrades y
sus familias, incluyendo los sufragios y oraciones por el ánima del
difunto.
Cuando moría un cofrade de la Santa Vera Cruz, o un miembro de
su familia, todos los cofrades iban acompañando al entierro en
procesión, con sus hachas encendidas. En el caso de que al difunto lo
enterrasen en otro pueblo, los cofrades de la Vera Cruz acompañaban en
procesión al entierro hasta la salida del pueblo, llevando en andas al
difunto.
Entre los bienes de la cofradía de la Vera Cruz de Torralba aparece siempre el paño de los entierros, y lo describen así“Un paño de terciopelo negro con una cruz de terciopelo verde bordada para los enterramientos”.
El paño cubría el cuerpo del difunto durante el entierro. Poseía
también la cofradía un Cristo sobre una cruz verde, que era el Cristo
que se ponía en los entierros y un candelero de madera en el que se
ponía dicha imagen y las hachas de cera de la cofradía, que tenían que
lucir siempre en los entierros.
Los cofrades de la Vera Cruz no sólo enterraban a sus hermanos
y hermanas cofrades, sino que también enterraban a los pobres, e
incluso, como los de Valdepeñas, a los reos sentenciados a muerte.
Como sucedía en otras cofradías, los cofrades de la Santa Vera
Cruz visitaban a los enfermos, socorrían a los pobres y a las viudas, y
velaban a los cofrades en su agonía, cuidando de que su alma estuviese
bien preparada para alcanzar el cielo.
En 1577, la cofradía de la Santa Vera Cruz de Torralba poseía
cuatro quiñones, un pedazo de tierra y dos parrales, que le habían
donado algunos cofrades. En el siglo XVII, la cofradía había convertido
sus bienes raíces en dinero, como habían hecho otras cofradías. Dinero
que prestaba a los vecinos de Torralba a censo o hipoteca. Los censos
rentaban anualmente 8170 maravedíes, cantidad muy escasa para los
gastos en cera y misas por los difuntos que tenía habitualmente la
cofradía.
La cofradía torralbeña estaba autorizada, como otras cofradías,
a pedir limosna todos los domingos del año. Salían a pedir limosna dos
cofrades, llevando cada uno una vara rematada con una cruz verde de
hierro, la cruz verde era el símbolo de la cofradía, y una “bacia de ajofar”
para recoger el dinero de las limosnas. Muchas de las funciones
funerarias que cumplían las cofradías de la Santa Vera Cruz, las
realizaban también las cofradías de las Benditas Ánimas del Purgatorio,
pero en Torralba, no habría cofradía de Ánimas hasta finales del siglo
XVII, por lo que la presencia de los cofrades de la Vera Cruz en los
entierros debió ser constante hasta bien avanzado el siglo XVIII.
Vinculadas a la devoción de la Cruz, las cofradías de la Santa
Vera Cruz no sólo celebraban el Jueves Santo, sino que también
celebraban el día de la Invención de la Cruz (tres de Mayo). Algunas
cofradías celebraban el triunfo de la Cruz (dieciséis de Julio) y otras
el de la Exaltación de la Santa Cruz (catorce de Septiembre). La
cofradía de la Santa Vera Cruz de Torralba sólo celebraba el Jueves
Santo y el día de la Invención de la Santa Cruz, el tres de Mayo.
La fiesta de la Cruz de Mayo era una fiesta llena de jubilo y alegría,
completamente distinta a la celebración penitencial del Jueves Santo,
en la que participaba igualmente la cofradía de la Santa Vera Cruz.
Adornaban la ermita con flores y hierbas olorosas, saliendo en
procesión con una Cruz especial, conocida como “la santa Cruz de la fiesta de Mayo”,
yendo de nuevo al Calvario, pero en esta ocasión con cantos alegres y
bailes, exaltando la devoción de la Cruz y la primavera. Aunque la
documentación no lo indica, es muy probable que después hubiese una
comida o alguna colación comunitaria en la que se degustase algún plato
especial, o se hiciese alguna torta o bollo típico de la fiesta de la
Cruz de Mayo.
Al comenzar el pregón he recordado el dicho torralbeño de “agua
y al Calvario”. El primer Calvario de Torralba, con tres cruces, lo
construyó la cofradía de la Santa Vera Cruz, probablemente, el año de
su fundación, 1562, por que en la visita general de 1554 aún no
existía, y en la de 1565 sucedió lo siguiente; los vecinos de Torralba
querían abrir una calle hacía el camino de Daimiel, desde la esquina de
Alonso Naranjo y Fabián García, los visitadores generales de la Orden
de Calatrava dijeron que esta calle era muy necesaria “ ansi para
la procesión que se haze el Jueves Santo para yr al Calvario como para
el servicio de la dicha villa y vecinos de ella”. La calle que se
abrió, y que iba al Calvario, es la que conocemos actualmente como
calle del Calvario, en la carretera o camino que va a Daimiel.
Por tanto podemos afirmar que Torralba tuvo un Calvario desde
1562 y que la tradición de ir en procesión al Calvario de los
habitantes de Torralba nace en aquellos años, cuando comenzaron a
celebrarse las primeras procesiones de Semana Santa en Torralba.
Hasta 1673, el camino del Calvario o Vía Crucis, debía estar
señalado por simples cruces, pero el 30 de Abril de 1673, el concejo o
ayuntamiento de Torralba firmó un contrato con los canteros Matías
Gutiérrez de la Higuera y Martín del Collado, vecinos de Manzanares,
para que hiciesen dieciséis cruces cuadradas de piedra, de vara y media
de alto, que se colocarían en la Vía Sacra o camino del Calvario. Por
cada cruz, el concejo de Torralba pagaría a los canteros 85 reales.
No sabemos si las cruces de piedra de la Vía Sacra se
conservaron hasta el siglo XX, pero si se conservó el Calvario, que
supongo que fue destruido en la guerra civil, porque la Cruz del
Calvario actual, se puso después de la guerra, rompiendo con la antigua
tradición de los calvarios de tres cruces.
Las cofradías de la Santa Vera Cruz llenaron el paisaje
manchego de calvarios, vías sacras, ermitas de la Vera Cruz y
humilladeros (pequeñas capillas). Sus procesiones de disciplinantes
fueron cuestionadas por algunos miembros de la Iglesia, pero la reforma
llevada a cabo por el Concilio de Trento no se opuso a aquellas
prácticas, porque la disciplina, para la mentalidad de la época, era
una práctica beneficiosa para la perfección espiritual, como habían
puesto de manifiesto muchos santos.
En el siglo XVIII, las procesiones de disciplinantes estaban en
franca decadencia, siendo prohibidas por orden de Carlos III, en 1777,
prohibiendo también dicho monarca que las procesiones se celebrasen por
la noche. No obstante, y a pesar de la prohibición del monarca
ilustrado, las procesiones se siguieron celebrando por la noche en
Torralba y en toda España. Sin embargo, muchas cofradías de la Vera
Cruz desaparecieron con la supresión de los disciplinantes y, las que
no desaparecieron, cambiaron sus ordenanzas. A pesar de las sucesivas y
severas prohibiciones de Carlos III y Carlos IV, aún han llegado hasta
nuestros días algunas procesiones de disciplinantes, como la de los
“picaos”, que se celebra en San Vicente de la Sonsierra, en La Rioja, y
las de los “empalaos” en algunos pueblos de la comarca de La Vera, en
Cáceres.
La cofradía de la Santa Vera Cruz de Torralba no desapareció,
pero desaparecieron, como en el resto de los pueblos del entorno, los
disciplinantes. Siete años antes de la prohibición de los
disciplinantes, los alcaldes de Torralba, Joseph Díaz Moreno y Thomas
García Velasco, respondieron al interrogatorio sobre las cofradías
torralbeñas del Censo de Cofradías y Hermandades del conde de Aranda el
28 de Octubre de 1770, la información que dieron sobre la cofradía de
la Santa Vera Cruz es la que a continuación sigue:
Lo primero ay en esta villa una cofradía titulada de la
Santa Vera Cruz, cuyas antiguas ordenanzas estan aprobadas por el Real
Consejo de las Ordenes, y el gasto anual de ella se computa en
setecientos y treinta y nuebe reales a saber: los 99 en derechos de la
procesión de los Pasos del Juebes Santo, plática de disciplina a los
cofrades, y procesión misa y sermón del día de la resurrección del
señor, otros 76 reales en vísperas procesión y misa del día de la Santa
Cruz; y 9 reales de una misa cantada a la santísima Trinidad. Y también
121 reales de gasto de aceyte para mantener la lampara de la capilla de
esta cofradía. Y asimismo 104 reales por limosna de 52 misas rezadas
que en dicha capilla se celebran los viernes del año; y además se
aplican otras dos misas por cada cofrade de los que mueren cuyo gasto
de computa en 160 reales anuales, y el de cera para el cumplimiento de
todas las festividades y asistencias del año en otros 120 reales, cuyas
partidas añadidas con la de 50 reales que se dan al secretario de dicha
cofradía por ayuda de costa ascienden a los 739 reales ya expresados, y
todo se paga y suple del fondo de las rentas y limosnas que tiene y
recoge dicha cofradía”.
Hoy sabemos que la primera cofradía de Semana Santa de Torralba fue la
cofradía de la Santa Vera Cruz, que construyó un Calvario, y sus
cofrades, desde 1562, iban en procesión de disciplina o penitencia
desde Santa María la Blanca hasta el Calvario, regresando desde allí a
dicha ermita. Durante más de cuatro siglos los habitantes de Torralba
han llevado y acompañado a las procesiones de Semana Santa al Calvario,
en muchas ocasiones, con las lluvias de Abril o las de Marzo, acuñando
para esa hermosa tradición, el dicho torralbeño de “agua y al
Calvario”. Deseando que esta pequeña historia haya sido de vuestro
agrado, muchas gracias.
Fuente: Oretania.es
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