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Pregón íntegro de la Semana Santa 2008 PDF Imprimir E-Mail
viernes, 30 de mayo de 2008
 María de la Concepción García de León Álvarez María de la Concepción García de León Álvarez. Buenas noches a todos y muchas gracias por haber venido. En primer lugar quiero agradecer a la Junta de Cofradías de Semana Santa y a su presidenta, Teresa Abenojar, la oportunidad que me han brindado de ser pregonera de la Semana Santa de Torralba de Calatrava, mi querido pueblo, este año de 2008. Como torralbeña, es un honor que agradezco de corazón, y con la esperanza de no defraudar la confianza que todos habéis puesto en mi voy a comenzar el pregón.

Existe en Torralba un dicho popular que escuchamos siempre los días de Semana Santa, es el célebre “agua y al Calvario”. ¿Pero desde cuándo se dice en Torralba este dicho? y ¿De dónde procede la tradición de ir al Calvario? Las respuestas a estos interrogantes nos llevarán a conocer el origen de nuestra Semana Santa. Sobre este tema, el origen y la historia de nuestra Semana Santa he preparado mi pregón, investigando en la documentación histórica que se ha conservado de Torralba y de otros pueblos del Campo de Calatrava, los datos necesarios para establecer el comienzo de estas celebraciones y su posterior desarrollo.

En los últimos siglos de la Edad Media no había cofradías de Semana Santa en Torralba ni en ninguna de las poblaciones del Campo de Calatrava. Esto no quiere decir que no se celebrase la Semana Santa en las iglesias, siendo pronto muy popular el rezo del Vía Crucis, en el cual participaba todo el pueblo, bien dentro de las iglesias, o fuera, dando la vuelta alrededor de ellas, formando una especie de procesión. En algunos lugares, los fieles representaban durante el rezo del Vía Crucis algunas escenas de la Pasión.

El culto a la Cruz se había extendido por todos los países de la cristiandad a lo largo de la Edad Media. La imagen de Cristo Crucificado podía ser contemplada por los fieles hasta en las más humildes iglesias. La célebre escena de la Virgen y San Juan al píe de la Cruz, descrita en el Evangelio, fue también muy popular en el siglo XV, siendo reproducida en los conocidos “calvarios”.

Como sabéis, los habitantes de Torralba pudieron contemplar desde mediados del siglo XV “un Calvario” en la iglesia parroquial de Santa María la Blanca. Este “Calvario”, procedía del despoblado pueblo de Barajas, cuyo Cristo, fue conocido por nuestros antepasados con el nombre de Cristo de Consolación.

En Castilla – León, Castilla la Mancha, Andalucía y Murcia, las cofradías y procesiones de Semana Santa aparecen en la segunda mitad del siglo XV, pero en la comarca del Campo de Calatrava, a la que pertenece Torralba, no habrá cofradías ni procesiones de Semana Santa hasta bien entrado el siglo XVI. Sin embargo, ya se fundasen unos años antes o unos años después, las primeras cofradías de Semana Santa que fueron surgiendo en las distintas zonas de España tenían características comunes muy destacadas.

La primera característica común es que todas se fundaron para dar culto a la Cruz de Cristo, por esta razón, adoptaron también el mismo nombre, de la Vera Cruz o de la Santa Vera Cruz, como la de Torralba, fundada en 1562, con el nombre de cofradía de la Santa Vera Cruz.

La segunda característica de las cofradías de la Vera Cruz o primeras cofradías de Semana Santa en España es, que todas eran cofradías de disciplinantes, es decir, sus cofrades se azotaban públicamente en las procesiones.

Sólo algunas de estas cofradías de Semana Santa no adoptaron el nombre de la Vera Cruz, sino que escogieron el nombre de la Sangre de Cristo, como la que existía a mediados del siglo XVI en Almodóvar del Campo, pero la mayoría, como acabamos de decir, tomaron el nombre de la Vera Cruz, de tal modo, que en la actualidad, las cofradías de Semana Santa más antiguas son las que han conservado el nombre de la Vera Cruz.

Desde los orígenes del cristianismo, la Cruz de Cristo, había sido considerada el árbol de la vida, el árbol del mundo. A comienzos del siglo III, San Hipólito de Roma escribió estas hermosas palabras sobre la Cruz:

“Este árbol ancho como el firmamento, se levanta desde la tierra al cielo. Planta inmortal, se eleva robusta entre el cielo y la tierra, recio soporte del orbe, lazo de todas las cosas, que abarca a toda la varia naturaleza mortal. Árbol atravesado con clavos invisibles del espíritu, para que cual conviene a lo que es divino, no se deshaga más; llega a lo alto del cielo, pero con sus pies afianza la tierra y retiene maravillosamente entre sus brazos el aliento del aire que reina por doquier”.

La Cruz de Cristo, la verdadera Cruz de Cristo o Vera Cruz, aparece en la primera mitad del siglo IV por mediación de Santa Elena, madre del emperador romano Constantino. A partir de entonces, papas, emperadores, reyes, nobles, cabildos catedralicios, ordenes religiosas, ordenes militares y un sin fin de personajes e instituciones, hicieron lo posible por conseguir una reliquia de la Vera Cruz. Los que obtuvieron tan preciada reliquia construyeron templos, monasterios y preciosos relicarios para conservarla y darle culto, como sucedió en Segovia, donde hoy podemos contemplar la iglesia de la Vera Cruz, construida por la Orden del Temple, para albergar la reliquia de la Vera Cruz que habían conseguido los caballeros templarios en Tierra Santa.

Desde la época de las Cruzadas, en Jerusalén, se recorría el camino de la Cruz, es decir, el Vía Crucis o Vía Dolorosa, orando y meditando sobre la Pasión de Cristo, de ahí nacería el rezo del Vía Crucis.

Gran impulsor de la devoción a la Pasión de Cristo fue San Francisco de Asís, que después de peregrinar a los Santos Lugares impondría en los monasterios de su Orden el rezo del Vía Crucis, como práctica de oración diaria, influyendo decisivamente la Orden Franciscana en la difusión del rezo del Vía Crucis, y también, en la fundación de las primeras cofradías penitenciales o de disciplinantes de la Vera Cruz.

Otra Orden religiosa, la de Santo Domingo, y la predicación de San Vicente Ferrer, contribuirían también a la aparición de las cofradías de disciplinantes, en las que los cofrades se azotaban públicamente buscando el perdón de sus pecados y la protección divina.

Pero las cofradías de disciplinantes no nacieron en España, ya que desde mediados del siglo XIII existieron en Italia cofradías de flagelantes, o lo que es igual, de disciplinantes. Desde Italia, las cofradías de flagelantes pasaron a Francia, Alemania y los Países Bajos. En España, las cofradías de disciplinantes no aparecerán hasta la segunda mitad del siglo XV, pero la flagelación no se convertiría en práctica habitual de las cofradías hasta el siglo XVI.

Las ordenanzas de la cofradía de la Santa Vera Cruz de Torralba, fechadas el 12 de Septiembre de 1562 y que habían sido confirmadas por el Real Consejo de las Ordenes, no se han conservado, no obstante, gracias a las ordenanzas de algunas cofradías de otras villas del Campo de Calatrava, que si se han conservado, y otros documentos, podemos saber como estaba organizada y como funcionaba la cofradía torralbeña.

 La cofradía de la Santa Vera Cruz, primera cofradía de Semana Santa de Torralba, tenía su sede en la ermita de Santa María la Blanca, ermita conocida actualmente con el nombre de ermita del Cristo. Allí, en el cuerpo del templo, a la mano izquierda, tenía la cofradía de la Vera Cruz su capilla, en la que estaban las imágenes de las procesiones de Semana Santa y las insignias de la cofradía.

Los cabildos o reuniones de la cofradía también se celebraban en Santa María la Blanca. El órgano de gobierno de la cofradía de la Santa Vera Cruz era el cabildo, como en las demás cofradías. El cabildo estaba formado por un número de oficiales, que desconocemos, y un mayordomo. El mayordomo se encargaba de administrar el dinero y los bienes de la cofradía.

La reunión o cabildo más importante de la cofradía era el que se celebraba el Domingo de Ramos. En dicho cabildo, la cofradía tomaba todos los acuerdos para la celebración de la Semana Santa y tenía lugar el rito del “perdón”, rito que todas las cofradías de la Vera Cruz celebraban el Domingo de Ramos, y también el Jueves Santo, antes de salir en procesión de disciplina.

En el rito del “perdón” todos los cofrades debían pedir perdón por los pecados o faltas cometidas, si alguno no quería perdonar a su hermano, era multado por el cabildo con multas en cera, una arroba de cera, media arroba de cera, o con multas monetarias. Generalmente, todas las multas que imponían estas cofradías eran en distintas cantidades de cera, porque el gasto en cera era enorme.

La noche de Jueves Santo, a honra y reverencia de la Santa Vera Cruz, ya que en ella había recibido Nuestro Señor Jesucristo muerte y pasión por todos los pecadores, los cofrades de la Santa Vera Cruz de Torralba salían en procesión de disciplina. El horario de salida era distinto de un pueblo a otro, pero oscilaba entre las diez y las doce de la noche. Antes de salir en procesión, los cofrades tenían que haber confesado, comulgado y también haber asistido a los oficios de Jueves Santo, además de pedir perdón de nuevo a sus hermanos, y si alguno se negaba a conceder el perdón no era admitido en la procesión.

Una hora antes de comenzar la procesión, tenía lugar la llamada “platica” a los cofrades, en la que se meditaba sobre el significado de la disciplina que iban a hacer en la procesión, dando ánimo a los disciplinantes. La “platica” solía darla un sacerdote, que podía ser el propio rector de la parroquial, o un fraile de alguna Orden religiosa, pagando la cofradía a la persona que la daba la cantidad que, previamente, había sido acordada por el cabildo.

Desde Santa María la Blanca, la procesión seguía el itinerario señalado por el cabildo con estaciones, es decir, estaciones del Vía Crucis, hasta llegar al Calvario, como había hecho Jesucristo, y desde allí, desde el Calvario, regresaban al punto de partida, la ermita de Santa María la Blanca.

El Calvario con las tres cruces lo había construido la cofradía de la Santa Vera Cruz, es decir, era propiedad de la cofradía. Lo había edificado para que los cofrades fuesen allí en procesión el Jueves Santo, recorriendo el camino de la Cruz o Vía Crucis y conmemorando la Pasión de Cristo. En la visita general de 1577, los visitadores generales de la Orden de Calatrava fueron a ver el Calvario de Torralba, y después dijeron lo siguiente:

“Otrosi visitamos el Calvario que esta junto a esta villa en el camyno que va a Daimiel, e cuyo reparo y sustentamyento es a cargo del dicho cabildo e cofradía y de presente esta bien tratado y reparado mando al dicho cabildo e cofradía siempre tenga cuidado del reparo e sustenymiento del dicho calvario”.

Los cofrades torralbeños recorrían el camino hacia el Calvario disciplinándose, es decir, azotándose la espalda con una disciplina de ásperas cuerdas que llevaba rosetas con pinchos, con el fin de obtener el perdón de sus pecados y la salvación eterna. Para asistir a la procesión, los cofrades de la Santa Vera Cruz debían llevar puestas sus túnicas, ceñidas con una cuerda y con las insignias de la cofradía. La cara y la cabeza tenían que llevarla tapada con el capirote y el capillo.

En las cofradías de la Santa Vera Cruz había dos tipos de cofrades, los cofrades de disciplina o cofrades de sangre, y los cofrades de luz o hachas. Los cofrades de sangre llevaban túnicas blancas, y en las manos, la disciplina, llevando la espalda descubierta, y la cara y la cabeza siempre cubierta con el capillo, so pena de graves multas, y casi siempre iban descalzos.

Los cofrades de luz eran los que por razón de la edad, ser mayores de sesenta años, estar enfermos, o alguna otra causa justificada, no podían disciplinarse. Las túnicas de los cofrades de luz eran negras, pero también llevaban la cabeza cubierta con el capirote y el capillo. Su función era ir alumbrando con sus hachas a los disciplinantes y a las imágenes que la cofradía sacaba en procesión.

Desde la fundación de la cofradía hasta los primeros años del siglo XVII, las imágenes que llevaban en procesión los cofrades de la Santa Vera Cruz de Torralba eran un crucifijo y la imagen de Jesús amarrado a la columna, es decir, Jesús Flagelado. En 1634, ya habían adquirido la imagen de Jesús “arrodillado con la cruz a cuestas”, y por la misma época se incorporaría a las procesiones torralbeñas la imagen de la Virgen de La Soledad, que en el siglo XVII estaba colocada en un altar en la capilla mayor de la ermita del Cristo.

En otras villas del Campo de Calatrava, como en Manzanares, la Virgen de La Soledad acompañaba a las procesiones desde sus orígenes, ya que en 1564 había una cofradía de Semana Santa en dicha villa, bajo la advocación de La Misericordia y Soledad de Nuestra Señora.

En Torralba, en el siglo XVI, encabezaba la procesión el pendón de la cofradía, que era de lienzo, probablemente pintado, aunque en los inventarios de las visitas generales no lo indican. En 1634, el pendón había sido sustituido por estandartes, cuya descripción es la que sigue: “Un estandarte de tafetán negro con su vara y cruz de azofar”, y el otro, “un estandarte de damasco verde con dos cruces bordadas”.

 Detrás del pendón o de los estandartes iba el crucifijo, y después los cofrades, con los pasos de Jesús Flagelado, Jesús con la Cruz a cuestas y la Virgen de la Soledad. En el siglo XVI la cofradía poseía dos cetros “para regir la procesión”, y en 1634, tenía tres cetros, pruebe indudable de que el número de cofrades asistentes a la procesión había aumentado.

La procesión iba acompañada por toques de corneta, que debían ser toques distintos, y con distinto significado, según el lugar en el que se encontrase la procesión, como por ejemplo cuando llegaba al Calvario. En el siglo XVI la cofradía sólo tenía una corneta, pero en 1634 tenía dos, una era de alambre y la otra de vidrio. El material del que estaban hechas estas cornetas, tan diferente, indican que sus sonidos debían acompañar de un modo especial las distintas estaciones de la procesión.

Terminada la procesión, ya en Santa María la Blanca, los cofrades de luz debían lavar, limpiar y curar bien las heridas a los cofrades de sangre o disciplinantes. Las heridas se lavaban con vino caliente, al que se añadían hierbas olorosas propias de la zona y de la estación del año, como tomillo, romero o también, como en el Viso del Marques, pétalos de rosa. Después les aplicaban en las heridas polvos, que podían ser de distintas clases, en el Viso utilizaba polvo de arrayán molido y pasado por un pliego de papel de estraza. Después, muchas cofradías tenían la costumbre de dar vino y una pequeña colación a los disciplinantes.

Las cofradías de la Vera Cruz controlaban la asistencia a la procesión, bien pasando lista, o bien recogiendo la cédula o papel que previamente se les había entregado a los cofrades en el cabildo.

Hombres y mujeres podían ser cofrades de la cofradía de la Santa Vera Cruz, pero las mujeres no podían disciplinarse ni ocupar ningún cargo ni oficio en la cofradía. Las cofradas, nombre que se le daba a las mujeres en las ordenanzas de la Santa Vera Cruz de Valdepeñas, podían ser casadas, viudas y beatas, para admitirlas, la cofradía debía comprobar que eran mujeres “honestas”, de buena vida y buenas costumbres, porque de lo contrario no serían admitidas. La cofradía tampoco admitía a hombres de malas costumbres o con pecados públicos, como el amancebamiento, y si se descubría que los aspirantes a cofrade tenían alguna falta o defecto grave en su comportamiento no eran admitidos.

La mujer del cofrade adquiría por su marido la condición de cofrada, pero si el marido moría y la mujer se volvía a casar, perdía la condición de cofrada. Todos los cofrades, ya fuesen hombres o mujeres pagaban al ingresar en la cofradía una cuota de entrada. En Valdepeñas, los cofrades de sangre pagaban en 1568 once reales por la cuota de entrada, además, el cofrade tenía que hacerse por su cuenta la túnica y la disciplina.

Los cofrades de hacha o luz pagaban en concepto de cuota de entrada cuatro reales y una libra de cera. También tenían que hacerse la túnica y el hacha, que debía ser de tres pabilos, es decir, de tres mechas. Estos cofrades eran de menor categoría que los de sangre, ya que no podían ocupar ningún cargo ni oficio en la cofradía, tan sólo podían asistir a los cabildos que celebraba la cofradía el Domingo de Ramos y el Jueves Santo, y a ninguno más.

Las cofradías de la Vera Cruz fueron muy populares en el Campo de Calatrava y, en general, en todo el territorio de Castilla La Mancha, perteneciendo a dichas cofradías la mayor parte de los vecinos de los pueblo, porque además de las celebraciones de Semana Santa, las cofradías de la Vera Cruz cumplían una función social muy importante, que era la de prestar todos los servicios funerarios a los cofrades y sus familias, incluyendo los sufragios y oraciones por el ánima del difunto.

Cuando moría un cofrade de la Santa Vera Cruz, o un miembro de su familia, todos los cofrades iban acompañando al entierro en procesión, con sus hachas encendidas. En el caso de que al difunto lo enterrasen en otro pueblo, los cofrades de la Vera Cruz acompañaban en procesión al entierro hasta la salida del pueblo, llevando en andas al difunto.

Entre los bienes de la cofradía de la Vera Cruz de Torralba aparece siempre el paño de los entierros, y lo describen así“Un paño de terciopelo negro con una cruz de terciopelo verde bordada para los enterramientos”.

El paño cubría el cuerpo del difunto durante el entierro. Poseía también la cofradía un Cristo sobre una cruz verde, que era el Cristo que se ponía en los entierros y un candelero de madera en el que se ponía dicha imagen y las hachas de cera de la cofradía, que tenían que lucir siempre en los entierros.

Los cofrades de la Vera Cruz no sólo enterraban a sus hermanos y hermanas cofrades, sino que también enterraban a los pobres, e incluso, como los de Valdepeñas, a los reos sentenciados a muerte.

Como sucedía en otras cofradías, los cofrades de la Santa Vera Cruz visitaban a los enfermos, socorrían a los pobres y a las viudas, y velaban a los cofrades en su agonía, cuidando de que su alma estuviese bien preparada para alcanzar el cielo.

En 1577, la cofradía de la Santa Vera Cruz de Torralba poseía cuatro quiñones, un pedazo de tierra y dos parrales, que le habían donado algunos cofrades. En el siglo XVII, la cofradía había convertido sus bienes raíces en dinero, como habían hecho otras cofradías. Dinero que prestaba a los vecinos de Torralba a censo o hipoteca. Los censos rentaban anualmente 8170 maravedíes, cantidad muy escasa para los gastos en cera y misas por los difuntos que tenía habitualmente la cofradía.

La cofradía torralbeña estaba autorizada, como otras cofradías, a pedir limosna todos los domingos del año. Salían a pedir limosna dos cofrades, llevando cada uno una vara rematada con una cruz verde de hierro, la cruz verde era el símbolo de la cofradía, y una “bacia de ajofar” para recoger el dinero de las limosnas. Muchas de las funciones funerarias que cumplían las cofradías de la Santa Vera Cruz, las realizaban también las cofradías de las Benditas Ánimas del Purgatorio, pero en Torralba, no habría cofradía de Ánimas hasta finales del siglo XVII, por lo que la presencia de los cofrades de la Vera Cruz en los entierros debió ser constante hasta bien avanzado el siglo XVIII.

Vinculadas a la devoción de la Cruz, las cofradías de la Santa Vera Cruz no sólo celebraban el Jueves Santo, sino que también celebraban el día de la Invención de la Cruz (tres de Mayo). Algunas cofradías celebraban el triunfo de la Cruz (dieciséis de Julio) y otras el de la Exaltación de la Santa Cruz (catorce de Septiembre). La cofradía de la Santa Vera Cruz de Torralba sólo celebraba el Jueves Santo y el día de la Invención de la Santa Cruz, el tres de Mayo.

 La fiesta de la Cruz de Mayo era una fiesta llena de jubilo y alegría, completamente distinta a la celebración penitencial del Jueves Santo, en la que participaba igualmente la cofradía de la Santa Vera Cruz. Adornaban la ermita con flores y hierbas olorosas, saliendo en procesión con una Cruz especial, conocida como “la santa Cruz de la fiesta de Mayo”, yendo de nuevo al Calvario, pero en esta ocasión con cantos alegres y bailes, exaltando la devoción de la Cruz y la primavera. Aunque la documentación no lo indica, es muy probable que después hubiese una comida o alguna colación comunitaria en la que se degustase algún plato especial, o se hiciese alguna torta o bollo típico de la fiesta de la Cruz de Mayo.

Al comenzar el pregón he recordado el dicho torralbeño de “agua y al Calvario”. El primer Calvario de Torralba, con tres cruces, lo construyó la cofradía de la Santa Vera Cruz, probablemente, el año de su fundación, 1562, por que en la visita general de 1554 aún no existía, y en la de 1565 sucedió lo siguiente; los vecinos de Torralba querían abrir una calle hacía el camino de Daimiel, desde la esquina de Alonso Naranjo y Fabián García, los visitadores generales de la Orden de Calatrava dijeron que esta calle era muy necesaria “ ansi para la procesión que se haze el Jueves Santo para yr al Calvario como para el servicio de la dicha villa y vecinos de ella”. La calle que se abrió, y que iba al Calvario, es la que conocemos actualmente como calle del Calvario, en la carretera o camino que va a Daimiel.

Por tanto podemos afirmar que Torralba tuvo un Calvario desde 1562 y que la tradición de ir en procesión al Calvario de los habitantes de Torralba nace en aquellos años, cuando comenzaron a celebrarse las primeras procesiones de Semana Santa en Torralba.

Hasta 1673, el camino del Calvario o Vía Crucis, debía estar señalado por simples cruces, pero el 30 de Abril de 1673, el concejo o ayuntamiento de Torralba firmó un contrato con los canteros Matías Gutiérrez de la Higuera y Martín del Collado, vecinos de Manzanares, para que hiciesen dieciséis cruces cuadradas de piedra, de vara y media de alto, que se colocarían en la Vía Sacra o camino del Calvario. Por cada cruz, el concejo de Torralba pagaría a los canteros 85 reales.

No sabemos si las cruces de piedra de la Vía Sacra se conservaron hasta el siglo XX, pero si se conservó el Calvario, que supongo que fue destruido en la guerra civil, porque la Cruz del Calvario actual, se puso después de la guerra, rompiendo con la antigua tradición de los calvarios de tres cruces.

Las cofradías de la Santa Vera Cruz llenaron el paisaje manchego de calvarios, vías sacras, ermitas de la Vera Cruz y humilladeros (pequeñas capillas). Sus procesiones de disciplinantes fueron cuestionadas por algunos miembros de la Iglesia, pero la reforma llevada a cabo por el Concilio de Trento no se opuso a aquellas prácticas, porque la disciplina, para la mentalidad de la época, era una práctica beneficiosa para la perfección espiritual, como habían puesto de manifiesto muchos santos.

En el siglo XVIII, las procesiones de disciplinantes estaban en franca decadencia, siendo prohibidas por orden de Carlos III, en 1777, prohibiendo también dicho monarca que las procesiones se celebrasen por la noche. No obstante, y a pesar de la prohibición del monarca ilustrado, las procesiones se siguieron celebrando por la noche en Torralba y en toda España. Sin embargo, muchas cofradías de la Vera Cruz desaparecieron con la supresión de los disciplinantes y, las que no desaparecieron, cambiaron sus ordenanzas. A pesar de las sucesivas y severas prohibiciones de Carlos III y Carlos IV, aún han llegado hasta nuestros días algunas procesiones de disciplinantes, como la de los “picaos”, que se celebra en San Vicente de la Sonsierra, en La Rioja, y las de los “empalaos” en algunos pueblos de la comarca de La Vera, en Cáceres.

La cofradía de la Santa Vera Cruz de Torralba no desapareció, pero desaparecieron, como en el resto de los pueblos del entorno, los disciplinantes. Siete años antes de la prohibición de los disciplinantes, los alcaldes de Torralba, Joseph Díaz Moreno y Thomas García Velasco, respondieron al interrogatorio sobre las cofradías torralbeñas del Censo de Cofradías y Hermandades del conde de Aranda el 28 de Octubre de 1770, la información que dieron sobre la cofradía de la Santa Vera Cruz es la que a continuación sigue:

Lo primero ay en esta villa una cofradía titulada de la Santa Vera Cruz, cuyas antiguas ordenanzas estan aprobadas por el Real Consejo de las Ordenes, y el gasto anual de ella se computa en setecientos y treinta y nuebe reales a saber: los 99 en derechos de la procesión de los Pasos del Juebes Santo, plática de disciplina a los cofrades, y procesión misa y sermón del día de la resurrección del señor, otros 76 reales en vísperas procesión y misa del día de la Santa Cruz; y 9 reales de una misa cantada a la santísima Trinidad. Y también 121 reales de gasto de aceyte para mantener la lampara de la capilla de esta cofradía. Y asimismo 104 reales por limosna de 52 misas rezadas que en dicha capilla se celebran los viernes del año; y además se aplican otras dos misas por cada cofrade de los que mueren cuyo gasto de computa en 160 reales anuales, y el de cera para el cumplimiento de todas las festividades y asistencias del año en otros 120 reales, cuyas partidas añadidas con la de 50 reales que se dan al secretario de dicha cofradía por ayuda de costa ascienden a los 739 reales ya expresados, y todo se paga y suple del fondo de las rentas y limosnas que tiene y recoge dicha cofradía”.

 Hoy sabemos que la primera cofradía de Semana Santa de Torralba fue la cofradía de la Santa Vera Cruz, que construyó un Calvario, y sus cofrades, desde 1562, iban en procesión de disciplina o penitencia desde Santa María la Blanca hasta el Calvario, regresando desde allí a dicha ermita. Durante más de cuatro siglos los habitantes de Torralba han llevado y acompañado a las procesiones de Semana Santa al Calvario, en muchas ocasiones, con las lluvias de Abril o las de Marzo, acuñando para esa hermosa tradición, el dicho torralbeño de “agua y al Calvario”. Deseando que esta pequeña historia haya sido de vuestro agrado, muchas gracias.


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