Oh la Motilla!!! que bellos recuerdos, dos por lo menos, marcados uno en mis sesos y otro seis cuartas más abajo.
El primero, mi primera excursión a ella en compañía de unos cuantos zagales y como a un cabroncete sin remordimientos de aquel comando se le ocurrió verter a las cuatro de la tarde el cántaro del agua de los que al lado vendimiaban. Algunos a lo que se vió después, ya traen su guión escrito desde que la cigüeña los deja en la cuna.
El segundo, pues que mi madre hubo de enterarse aunque no había en aquellos tiempos Internet y me dejó en el culo y en la nalgas las señas de la empuñadura de su escoba que entonces como no había tele más que en el Casino no sabíamos que puedes pegar con una toalla mojada y no dejas marca, o eso dice McGiver, que yo soy hombre de paz.
Luego de mayor siempre pensé que había sido monumento funerario.
Por cierto que yo sepa, dejo margen al error, en cuatro generaciones no se ha desprendido de ella sus propietarios.
En fin, que los historiadores nos van sacando de nuestros errores y nosotros vamos jugando a detectives
