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Después de que el Barça sufriera en el Bernabéu una de las peores humillaciones de su historia, con la doble vergüenza del pasillo y la goleada (4-1) en medio de una actuación patética, Joan Laporta anunció ayer la decisión que se resistió a tomar hace un año y que significa el final de un ciclo: el relevo de Frank Rijkaard. El técnico holandés, al que le quedaba otro año de contrato y al que el club tiene intención de indemnizar, dejará el banquillo a final de temporada para dar paso a Pep Guardiola, el candidato de Txiki Begiristain que, según el presidente, la directiva aprobó "por unanimidad" tras cinco horas de reunión. Hace más o menos cinco años, Laporta y la candidatura que encabezaba eligieron inesperadamente a Rijkaard para que ayudara a hacer girar el círculo virtuoso. Y durante un tiempo lo hizo, codo a codo con Ronaldinho y un equipo comprometido. Dos Ligas, una Champions y el recuerdo de un Barça admirable son el legado de un entrenador que ha acabado pagando haber dado tanta manga ancha. Ayer, alrededor de las siete de la tarde, el círculo se cerró prematuramente. Laporta no ha podido cumplir el deseo de acabar su mandato --le quedan dos años-- junto a Rijkaard. El objetivo ahora es que sea Pep Guardiola quien conduzca al Barça hasta entonces.
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