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Remataba en esta ocasión la Semana Santa acudiendo a la celebración de la Vigilia Pascual. De entrada una emoción. Fantástica M.Carmen con su guitarra y su voz interpretando un texto hermoso.
Luego las lecturas. No quiero ofender a nadie. Es que yo suelo andar en Babia más de lo que quisiera. Que si los egipcios y sus carros detrás de los israelitas, que si el Mar Rojo, que si...
Que otra vez yo en el limbo, mirando en todas direcciones y esperando una nueva casualidad como la de los días pasados que me hiciese volver de mi viaje.
Luego la voz de D.Manuel, su homilía. Otra vez los pies en el suelo. Después el pellizco que buscaba en forma de sensación: Qué bien se está aquí. Construyamos una tienda... Creo que era así más o menos uno de los pasajes del libro del Exodo.
Si, yo también me encontraba a gusto, yo también hubiese pedido como a Moisés le pidieron construir una tienda y acampar allí de por vida, pero es que no es eso a lo que me siento llamado.
Creo que me llaman a andar en el mundo sin j*der a nadie y muy al contrario a hacer las cosas más sencillas y fáciles para los demás. Esa es la gloria que espero. Ese es el sentimiento que tengo yo y la obligación que me viene no sé de donde pero si sé cada día más exigente.
Andar solo en los pasos de estos días, en los ritos y en las liturgias para mi es vivir way en la tienda de Moisés y Elí pero dar la espalda a lo que siento que se me exige. No sé si un día tendré la fuerza que otros tienen para afrontarlo y bajaré de mi Sinaí particular. Saludos.
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