|
Volvía yo ayer a la Iglesia para asistir a la celebración de los Oficios del Viernes Santo. Andaba yo igual que otras veces, cuando dan comienzo algunos ritos repetitivos hasta la saciedad, perdío y ausente.
Quiso la casualidad, quién sabe si la providencia para sacarme de mi letargo, que a la hora en que se celebraban los oficios, un rayo de sol se colase por uno de los ventanales de nuestra Iglesia y dejase iluminada la imagen de María en el retablo y como en segundo plano las demás imágenes.
Y como uno es de pensamiento disperso y literatura barata y folletinesca, dejé de oír las lecturas y me puse a cavilar en quién era aquella mujer cuya imagen el sol ahora me destacaba y si no era indicio de que tenía que mirar más a lo que me señalaba aquel rayo de sol y menos a lo repetitivo para dar con la clave de lo que estaba pasando allí.
Bien, pues encontré entre mis autopreguntas y autorespuestas algo digno de compartir con vosotros, tenía delante de mí y señalándome desde el cielo a una mujer sencilla que cuando siente la llamada de lo trascendente es capaz de constestar: Hágase en mí según tu palabra.
Eso está a la altura de María y de las gentes, que las hay hoy en día también, como María. No solo hay en el mundo la gente friki que nos proponen los medios. En este tiempo nuestro la bondad y la autenticidad venden menos que la tontuna.
Luego está otra clase de gente, los que son como yo: jóvenes ricos, como el de la parábola que sabiendo lo que tenemos que hacer no encontramos la hora del compromiso con el que nos necesita.
Puede que por una vez, andar perdido mientras los que habían a mi lado celebraban, me haya aprovechado más que si participase de la celebración misma.
El rayo de sol de las seis de la tarde me sirvió para darme cuenta por enésima vez de que me sobran ritos y me falta compromiso. Casi ná amigo mío.
|