http://www.as.com/futbol¿Y ahora qué? El efecto buscado por Juan Soler con la destitución de Quique y la llegada de un técnico-escudo como Koeman no le ha podido salir peor a él y, lo que es más grave, al Valencia. El holandés debutó de la peor manera, cayendo ante un rival que no es nadie y que, además de ganarle, le dio un baño, mereció más y sacó a la luz todas las carencias de una plantilla muerta, sin alma, carente de líderes... vamos, el vivo retrato de lo que emana el palco de Mestalla. Si el presidente justificó el adiós de Quique porque la grada lo pedía, tendrá que ir haciendo las maletas porque su cabeza será la siguiente que soliciten.
Y lo harán con razón porque, cuantas más decisiones toma, más estropea una entidad que cogió puntera en Europa y que anoche quedó colista en un grupo sencillo. Poca culpa tiene el nuevo técnico de esta nefasta situación, quizás haya que achacarle su tardanza en hacerse cargo del equipo, pero lo que no es de recibo es preparar el duelo más importante del año con un solo entrenamiento.
Aquellos que esperaban una revolución de manos de Koeman se quedaron con las ganas pues, desde el inicio, su equipo fue más de lo mismo, es decir, poca cosa. En una decepcionante primera mitad se pusieron muy cuesta arriba su continuidad en Europa porque el Rosenborg bailó a los chés, superándoles en manejo, criterio y lectura del duelo. Llevaron el peso cuando quisieron y mataron a la contra aprovechando que la zaga local era un coladero. El gol pudo llegar varias veces por la derecha, por donde Dorsin encontraba la misma autopista a la espalda de Miguel que tuvo en el duelo de ida. Por ahí se colaban él y Traoré y, dentro del área, el panorama no era mejor.
Tras una contra, Iversen, mal atado por Helguera, hizo el 0-1 y Koné tuvo la sentencia aprovechando la candidez de Caneira, por el que Ronald apostó en lugar de Albiol. Morientes caía lesionado y Mestalla se tiraba de los pelos viendo como un rival menor les estaba expulsando de la Champions. Y lo peor estaba por llegar.
Cuando se esperaba la reacción blanquinegra, el recurso de la épica a falta de ideas, lo que hubo fue otro monólogo del Rosenborg, que tocaba con calidad y desbordaba por velocidad y triangulación. El Valencia era un pelele en sus manos y cayó el 0-2 tras una cadena de fallos de Hildebrand y Albelda. El hundimiento era absoluto, pudo llegar el tercero, el cuarto... nueva pañolada en Mestalla y la continuidad en la Champions es un milagro. Ver para creer.