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Pregón Semana Santa 2006 (1 viendo) (1) Invitado(s)
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TEMA: Pregón Semana Santa 2006
#181
torredelcamino (Usuario)
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Pregón Semana Santa 2006 Escrito hace: 1 Año, 7 Mess Karma: 8  
Hola forer@s:

A continuación podéis leer el pregón de Semana Santa de 2006, que incluyo por los datos históricos (religiosos y sociales) referentes a Torralba.


PREGÓN
SEMANA SANTA


Antes de iniciar mi disertación quiero daros las gracias por vuestra presencia, en especial a don Manuel por su presentación y a la Junta de Cofradías por su amable invitación a la que espero dar digna respuesta.

Difícil misión pregonar estas fiestas religiosas que en Torralba se celebran con tanto amor, entrega y solemnidad, desde hace cientos de años.

En un principio me costó aceptar la propuesta, pues no me siento cómodo hablando en público y para mí supone un gran esfuerzo, aunque se que cuento con vuestro interés y comprensión.

En un acto como el de hoy ¿Qué os podía ofrecer?
Tras meditarlo largamente me vino a la cabeza el lema del Evangelio del 2006: “¿Señor, qué quieres hoy de mí?” y la parábola de los talentos, que todos bien conocéis.
Dios nos ha dado a cada uno de nosotros un don: a unos os dio un fino oido y una bella voz, a otros la facilidad de engalanar los pasos que en estos días saldrán a la calle, a otros la constancia para preparar estas fiestas,… a otras la facilidad de…no sé, de planchar las túnicas; a mí sólo me dio, como diría mi abuela el don de “ser cotilla”, el interés por conocer el pasado, sobre todo, el pasado de Torralba y sus gentes; siendo para mí un deber darlo a conocer.

Un pregón persigue dos fines: primero, dar a conocer algo que conviene que todos sepan y recuerden; y segundo, anunciar e incitar a participar en la celebración de una festividad.

Al dirigirme hacia vosotros desde este lugar pretendo dar respuesta a dos interrogantes:
¿Qué significa, mirando al pasado, la Semana Santa para Torralba? y ¿Qué significa para mí? entendido no sólo como el que habla sino también como el que escucha.


¿Qué significa para mí?

A las puertas de la Semana Santa, de otra Semana Santa, resulta oportuno recordar el inicio de la Oración del Padre Foucault:
“Padre,
me pongo en tus manos,
haz de mí lo que quieras:
sea lo que sea te doy las gracias”

Ofrecimiento inspirado posiblemente en los momentos de máxima angustia que experimentó Jesús en la noche de Getsemaní, y que todos deberíamos recordar en nuestros momentos de duda y confusión.
En esa eterna noche de sentimientos contrapuestos afloró en Jesús su naturaleza humana. Pero frente al miedo hacia el dolor (a ese dolor que se acercaba irremisiblemente a su carne) asistimos al triunfo de la entrega, del amor pleno de Jesús hacia los demás, hacia nosotros.

Como humanos no entendemos el sufrimiento ni el dolor; pero cuando Jesús, el Hijo de Dios, sufre como el que más, nos enseña el camino a seguir.
Con su Pasión y Muerte nos muestra su Humanidad y nuestra propia naturaleza humana (llena de agobios, de oscuridad y de sombras). Sin embargo, con su Resurrección nos confirma su Divinidad, nos llena de alegría, pues al confiar en Él, al glorificarle todos quedamos salvados.

Nos encontramos ante el núcleo del año litúrgico, desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Pascua de Resurrección. En estos días los Evangelios nos detallan la Pasión, la Muerte, pero también la Resurrección de Jesucristo.
Este tiempo pascual nos ayuda a reflexionar pausada y profundamente sobre nuestra existencia, llegando al convencimiento de alabar a Dios por sus bellas obras, por lo que nos ha dado.

Nuestra vivencia interior nos debe acercar a su misericordia y gracia, a su confianza y entrega; a la reconciliación y al perdón. La liberación y la Salvación que en Jesucristo se hace realidad nos debe impulsar al optimismo, ya que la Semana de Pasión culmina con la Resurrección de Jesucristo, con el día de Gloria.

Jesús es la Cruz, pero también es la Luz y la Vida.
Es la Cruz en el día a día.
Es la Luz en la esperanza, en el camino a seguir.
Es la Vida al ser la fuente y la _meta_ de nuestra vida.

Las imágenes como meras obras artísticas, las vacaciones laborales, las manifestaciones lúdicas e incluso gastronómicas están transformando la Semana Santa en un acontecimiento meramente cultural.
Sin embargo, nosotros, los seguidores de Cristo (aunque pecadores) no podemos olvidar su auténtico significado; la Semana Santa, ante todo, es un hecho religioso, trascendental en cuanto que nos acerca más a Dios.

Las procesiones, los actos y celebraciones litúrgicas forman parte del legado que hemos heredado de nuestros mayores y en nuestras manos está su conservación.
Muchos de nosotros pertenecemos a alguna de las 4 hermandades o cofradías actuales, las causas y motivaciones difieren en cada uno de nosotros, no obstante, nos unen en un mismo fin. Sin nuestra participación no existirían estas manifestaciones comunitarias.

Personalmente, contestaría a la pregunta ¿Desde cuándo soy nazareno? diciendo que desde que no tenía uso de razón, es decir, desde niño. Supongo que desde que tenía 8 ó 10 años; de lo que sí me acuerdo es que en una ocasión no pude acompañar a Jesús en su Vía Crucis (y, por supuesto, no lo digo con orgullo).
¿Por qué soy nazareno?
Es otra pregunta que nos hemos planteado miles de veces.
En mi caso, puedo decir, con franqueza, que no fue por una decisión personal, algo tuvo que ver la gracia de Dios cuando mi madre realizó la promesa de “meterme a los moraos”.
¿Por qué soy nazareno?
Resulta difícil explicar algo tan abstracto como los sentimientos, los sentimientos se enraizan en el corazón. Y como dijo el clásico: “el corazón no entiende de razón”.

Soy nazareno por rememorar su presencia en mí.
Soy nazareno por agradecerle su perdón ante las amarguras que le causo y el sufrimiento máximo que soportó por mí.
Soy nazareno porque durante las dos o tres horas de procesión, caminando junto a Él, le siento más cercano.
Soy nazareno porque debajo del capillo, la penitencia, el recogimiento y el silencio me ayudan a repasar los momentos vividos y los que han de venir.
En definitiva, soy nazareno porque le necesito.


Para terminar esta primera parte no puedo resistirme a recordar la historia que nos contó hace ya muchos años, en unas convivencias, un amigo sacerdote:
Estando en un pueblito de Asturias, todas las tardes pasaba a la iglesia un viejín, sentado cerca de la puerta, se liaba un cigarrillo y se lo fumaba tranquilamente. Un día mi amigo, no se pudo reprimir, y le preguntó por qué lo hacía. El viejín le contestó que necesitaba hablar con el único amigo que le quedaba en su pueblo.
Anécdota que me enseñó que Dios es amigo, siempre está ahí… esperándonos. No importándole nuestro aspecto, ni nuestras manías, ni la opinión de los demás, sólo nuestro interior y nuestras acciones.


La cofradía de la Vera Cruz y
la imagen de Nuestra Señora de la Soledad.



COFRADÍA en portugués significa compromiso.
Compromiso con Dios y con los hombres, cofrades o no.

Los términos: Cofradía, Hermandad, Esclavitud hacen referencia a una congregación formada por fieles que persiguen su mejora espiritual, ejercitándose en obras de piedad.

Las cofradías aparecen en la Edad Media, en una sociedad tradicional, eminentemente rural, condicionada por la muerte, las epidemias, las plagas.
La dificultad de la vida cotidiana provocó la necesidad en amplios sectores de la población de protegerse, de agruparse en Cofradías, realizando una función de asistencia social entre sus miembros.

Sociedad en la que la religión presidía cualquier acto humano, desde el nacimiento con el bautismo hasta la muerte con el enterramiento y misa de difuntos.

Las cofradías formadas por seglares estaban subordinadas a la Iglesia, la cual controlaba sus funciones piadosas, asistenciales y recreativas, ocupando los puestos de dirección tanto espiritual como económica.

Se pueden distinguir 3 tipos de cofradías:
-Penitenciales. Cuyas actividades se centraban en la Semana Santa.
-Sacramentales, cuyo titular era el Santísimo Sacramento.
-De culto a una imagen de Cristo, la Virgen o un santo.

Con el esfuerzo y el trabajo de la Cofradía del Santísimo Sacramento y, sobre todo, de la Santa Vera Cruz se creó y desarrolló la Semana Santa en Torralba de Calatrava.

A mediados del siglo XVI el Concilio de Trento realizó una reforma en la Iglesia Católica. Fomentando el culto de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, impulsando la creación de cofradías penitenciales y las advocaciones de la Vera Cruz y el Santísimo Sacramento.
Mediante las procesiones y su escenografía se exaltaba el sentido religioso del pueblo al contemplar el misterio de la Redención.

Es en este contexto en el que surgió la Semana Santa de Torralba.

No hace falta ser historiador para pensar que:
“conocer el pasado ayuda a entender el presente”.
A través de la información que nos ofrecen: Los libros de Ordenanzas de las Cofradías, las Visitas que realizaba la Orden de Calatrava a sus pueblos, los libros de testamentarias, los Censos y Catastros (como los del marqués de Ensenada o el Conde de Aranda) podemos acercarnos al conocimiento de los orígenes y evolución inicial de la celebración de nuestra Semana Santa.

La leyenda de Barajas, con la llegada al pueblo de 3 imágenes: un crucificado, una Virgen maría y un San Juan, nos acerca el culto a la Cruz y a María y su íntima relación con la Semana Santa.


Muchos de vosotros habéis presenciado y participado en los cambios que se han ido produciendo en procesiones, cofradías, imágenes y actos litúrgicos. Sin embargo, hay rasgos que se han mantenido en el tiempo.

Desde sus orígenes el fervor popular ha hecho que la Semana Santa fuese la principal fiesta religiosa junto con la patronal.
La actual ermita del Cristo, perdida su función parroquial a mediados del siglo XVI se mantuvo como lugar de oración y de reunión de ambas festividades.
Las primitivas advocaciones de las imágenes han pervivido hasta hoy: “Jesús a la columna” y “Jesús con la cruz acuestas”, así como Nuestra Señora de la Soledad (advocación de la Dolorosa), añadiéndose otras nuevas.
El recorrido de las procesiones, con origen y destino en la ermita del Cristo se ha mantenido, al menos hasta la ermita de la Purísima.


LOS ORÍGENES.

La Semana de Pasión se celebra en Torralba, con alguna interrupción, desde hace casi 5 siglos. Los Visitadores de la Orden de Calatrava en el año 1565 autorizaban al Concejo abrir una calle que iría “al calvario que está camino de Daimiel (…) para la procesión que se hace el jueves santo para yr al calvario”
Procesión que estaba al cargo de la Cofradía de la Santa Vera Cruz, de cuya existencia nos habla la Visita General al Campo de Calatrava de 1577, al realizar el inventario de sus bienes y cuya sede era la entonces ermita de Santa María de la Blanca, hoy del Cristo.

Las ordenanzas más antiguas, de las que tenemos constancia, son las de la Cofradía del Santísimo Sacramento (aprobadas por el Real Consejo de Órdenes en 1616) siendo de 1706 las de la Santa Vera Cruz, en ellas se estipulaban fundamentalmente: la finalidad, el funcionamiento y las obligaciones de los cofrades.

LOS COFRADES.
La situación económica y el miedo a la muerte influía decisivamente en las personas. Al integrarse en una cofradía se garantizaban un número de oraciones y misas por su alma que de otra forma no hubiesen podido recibir, una misa de difuntos constaba un real y medio, casi el salario medio de un día de trabajo.
Religiosidad que podemos entender al leer el inicio del siguiente testamento de 1680:
“Creyendo como firmemente creo en la Santísima Trinidad, Virgen intercesora y Santa Madre Iglesia.
Primeramente encomiendo mi alma a Dios nuestro Señor que la crio y redimio con su preciosa sangre muerte y pasion de su precioso hijo…”

Para pertenecer a una cofradía los candidatos debían llevar una vida honesta y ordenada. Se les pedía, además, conocer la doctrina cristiana.
No existía un número fijo de hermanos, la del Santísimo Sacramento la formaban 40 individuos y la Vera Cruz sobrepasaba los doscientos.


Centrándonos en la Vera Cruz: se entraba con una limosna de 12 reales y cada año aportaban 16 mrs. el día de Jueves Santo (34 maravedíes equivalían a 1 real).
Entre sus obligaciones estaban:
-Velar a los hermanos enfermos y en artículo de muerte (al menos 2 hermanos) acompañando a la familia.
-Asistir a los entierros y misas de cabo de año, celebradas por el alma de sus hermanos difuntos y benefactores.
-Sufragar a los pobres su entierro y misas.
-Asistir a las funciones y actos que celebraba la Cofradía.
-En las procesiones salir de penitentes portando un hacha.
-Confesar y comulgar en Cuaresma.
-Pedir limosna dos hermanos, según orden de lista, todos los domingos después de misa mayor.


FUNCIONES.
Tenía a su cargo:
-El Jueves Santo por la tarde la Procesión de penitentes así como la platica de disciplina. (46 reales)
-El Domingo de Pascua de Resurrección una misa cantada y responso así como La Procesión y el Sermón de Gracias. (45 reales)
-El día de la Cruz de Mayo (día 3) la Misa y Procesión, así como las vísperas del día anterior. (88 reales 17 mrs.)
-Además el día de la Santísima Trinidad en la Parroquial se encargaba de una misa cantada con responso por el ánima de los cofrades difuntos. (9 reales)
-Aplicar dos misas por la muerte de cada cofrade.
-Aplicar 52 misas rezadas todos los viernes del año en la capilla de la Cofradía por el ánima de cofrades y benefactores (personas que les habían hecho bien y dejado bienes).


BIENES PROPIOS.

En los inventarios aparecen los bienes que iba acumulando procedentes de testamentarias y donaciones, a cambio de misas y oraciones.
A diferencia de otras cofradías de Torralba apenas tenía bienes raíces, sin embargo, contaba con una gran cantidad de censos por un valor de 5215 reales y 10 mrs. que le rentaban 275 reales y 27 mrs. anualmente (según la Visita de la Orden de Calatrava de 1635).

Entre sus bienes muebles se encontraban:
- Ornamentos y objetos de culto (casullas, albas, velos, paños y frontales de altares; candeleros, hachas, arcas.
- Para las procesiones: las imágenes de “un cristo a la columna con sus andas negras” y “un cristo arrodillado con la cruz acuestas”.
- Un estandarte de tafetán negro con su vara y cruz de azofar, y otro de damasco verde con dos cruces bordadas.
- Para los entierros: un paño de terciopelo negro con una cruz berde, un cristo con una cruz verde, un candelero para poner el Cristo y las achas en los entierros.
- Dos varas para los mayordomos y pedir limosna.


LAS PROCESIONES Y LOS ACTOS LITÚRGICOS.

Las predicaciones y las procesiones, las vigilias, vísperas y otros actos litúrgicos ocupaban gran parte del tiempo de los fieles en la Semana de Pasión.
Los sermones de Cuaresma se realizaban en la parroquial y su gasto, desde el siglo XVI, corría a cargo de los caudales del Concejo (Ayuntamiento).
Por la Visita de la Orden de Calatrava de 1635 sabemos que en la plaza había un cuarto de casa de la Iglesia donde “se guardaban maderas y otras cosas para el Monumento de Semana Santa”.
Además, mandaba al rector que hiciera matrícula en Cuaresma de todos sus parroquianos, asentando los que debían confesar y comulgar bajo pena de 4 reales.
Se permitía la presencia de freyles de órdenes mendicantes durante 15 días para ayudar al rector en el sacramento de la penitencia y la celebración de los Divinos Oficios.

Se iniciaba la Semana de Pasión con la procesión del Domingo de Ramos, de cuya organización se encargaba el Concejo.
Durante los 3 últimos días de Semana Santa, en la parroquia, se realizaban los Oficios de Tinieblas (a primeras horas de la mañana) durante los Maitines.

El JUEVES SANTO se predicaba, en la parroquia, el Sermón del Mandato dentro de la Misa Vespertina, en el que se lavaban los pies a 12 varones en memoria de lo que hizo Jesucristo con los 12 apóstoles antes de la Santa Cena.
Posteriormente, se celebraba la procesión y la plática de disciplina en la capilla de la cofradía de la Vera Cruz.

El VIERNES SANTO antes del amanecer se predicaba el Sermón de la Pasión, exponiendo los tormentos que sufrió Jesucristo por su amor a los hombres.
La procesión corría a cargo de la cofradía del Santísimo Sacramento, propietario de sus propios pasos.
Al alba, tras recorrer varias calles, se predicaba el Sermón del Encuentro, tras encontrarse una imagen de Jesús con Nuestra Señora de la Soledad.
Por la tarde, en la parroquia, el pueblo asistía al Sermón de la Pasión.

A principios del siglo XVII se inició, por la noche, la procesión del Santo Entierro, protagonizada por la imagen de un “Cristo Yacente en una urna de cristal” pertenecía a la parroquia y no contaba con cofradía (igual que sucedía con la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, de la que se hacía cargo la cofradía de la Vera Cruz, no siendo su propietaria).

Tras la procesión se celebraba el Sermón de la Soledad mostrando el pesar, la melancolía que se sentía por la muerte y ausencia de Jesús.

La Vigilia Pascual celebrada al anochecer del Sábado Santo daba paso a la Pascua de Resurrección.
La mañana del Domingo se asistía a la Misa cantada, responso y Sermón de Gracias. A continuación, a cargo de la Santa Vera Cruz, se realizaba la procesión, con el encuentro entre Jesús Resucitado con su Santísima Madre (bajo la advocación del Rosario).

A principios del siglo XVIII, con la reforma de la ermita del Cristo, la cofradía de la Santa Vera Cruz construye su propia capilla, donde celebraba las misas por sus hermanos y daba culto a sus imágenes. Capilla que se corresponde con la actual de Jesús Nazareno.

Desde dicha ermita, primero bajo la advocación de Santa María la Blanca y desde principios del siglo XVII con la advocación del Cristo de Consolación, salían y entraban las procesiones del Jueves Santo.
Su recorrido original era muy similar al actual. Por la plaza del Cristo, calles de: Manzanares, San Juan y Santa Ana se llegaba al camino de Daimiel y de ahí al Calvario para ir a la ermita de la Concepción.
No es casualidad que en esta primera parte del recorrido, en el siglo XVII se levantasen dos ermitas, que hoy no existen, pero su recuerdo queda en el nombre de sus calles.
La parte final del recorrido procesional varió. No se sabe, exactamente lo motivos, pero dos elementos apoyan esta opinión: primero, las procesiones en la Edad Media y Moderna solían discurrir por las afueras de los pueblos, marcando los límites entre las casas (la parte habitada) y el campo.
Torralba a finales del siglo XVI tenía como márgenes las calles citadas anteriormente y desde la ermita de la Concepción: las calles del Ave María y de la Virgen Blanca hasta llegar a la plaza del Hospital.
Este sería su primitivo recorrido; tras enlazar con la plaza (donde se levantaba la parroquia) bajaría por la calle del Cristo hasta llegar a la ermita.
El segundo elemento que apoyaría esta hipótesis es el recorrido actual de la procesión del Corpus (desde la ermita de la Concepción hasta la parroquia coincide con el expuesto) cuya celebración estaba a cargo de la cofradía del Santísimo Sacramento (la cual se encargaba también de la procesión del Viernes Santo y es lógico pensar que coincidirían en su recorrido).


EL TRASLADO

Tras esta breve reseña sobre las procesiones de Semana Santa en Torralba.
No podría terminar sin hacer una referencia al nuevo paso que se estrena este año. A todos nos llena de alegría y satisfacción pues, sin duda, enriquecerá nuestra Semana Santa.

A mediados del siglo XVI (1545-1563) el Concilio de Trento entendió que era necesario ofrecer al pueblo una visión sencilla de la religión.
Desde la Iglesia se potenció las Procesiones de Semana Santa, con una clara función pedagógica: llevar a la calle la Pasión de Jesucristo, así el pueblo podía vivirla de una forma ‘visual’, gracias a los penitentes y las imágenes de las cofradías.
A finales del siglo XVI empezaron a proliferar las imágenes, los pasos que mostraban los últimos momentos de la vida de Cristo.
Imágenes que reproducían manifestaciones físicas del dolor mediante heridas, lágrimas o rostros abatidos; exaltando el sufrimiento del cuerpo como vía para la salvación del alma.
En definitiva, con las imágenes se pretendía acrecentar la devoción de los fieles y a la vez dar mayor esplendor al culto.

Aún recuerdo las palabras de una amiga de mi madre que no pudo venir un año a Torralba y le contaba cómo el Viernes Santo se acercó en el barrio a la parroquia de Cristo Rey y tras rezar un Padre Nuestro a un Jesús Nazareno, entre orgullosa y entristecida, le dijo:
¡Qué no te lo rezo a Tí, que se lo rezo al de mi pueblo!

Nunca dudé de sus buenas intenciones.
Quizá nuestra paisana, confusa, no supo entender ni apreciar que no eran dioses distintos en la misma situación sino el mismo Dios en situaciones distintas.
Sin embargo, el culto a las imágenes no es un acto de idolatría (pese a las críticas que podamos oír), tampoco es importante en ellas su mayor o menor mérito artístico o su belleza.
El honor que se tributa a las imágenes se refiere a quienes representan: a Jesucristo, la Santísima Virgen o a los santos.

Mejor que lo que yo pueda decir, ya lo hizo don Inocente Hervás:
“Veneramos a las imágenes sagradas (…) por los dulces recuerdos que en nosotros excitan y porque son muy propias para mantener nuestra fe (…) el obsequio que se les tributa es sólo relativo a los modelos que representan y al postrarnos ante ellas es a Dios a quien dirigimos este obsequio (…) como el hijo que al besar el retrato de su padre no obsequia y venera los colores o el papel, sino la dulce imagen que estos objetos hacen reflejar en su corazón”.


Para concluir:
Si las primitivas cofradías surgieron, primordialmente, del culto a la muerte. Las actuales cofradías o hermandades tienen como labor mantener y expandir el mensaje de Jesucristo; con valores como: la Caridad, la Honestidad, la Solidaridad, la Denuncia de las Injusticias,… superando su entorno más próximo.
Valores que hoy, en el siglo XXI, están más vigentes que nunca.


Gracias por su atención.

Torralba, 8 de abril de 2006.
 
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